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La casa

Del Toro nace de caminar la montaña.

Casa de finca con corredor, hamacas y jardín
Foto: Daniel Toro · @elartedeltoro

Daniel Toro creció en El Nogal, un barrio de Armenia que entonces estaba rodeado de cafetales, guaduales y quebradas. Entró al Instituto de Bellas Artes a los trece años. Después estudió publicidad en Buenos Aires y siguió pintando.

En algún momento empezó a pintar con café. Estudió variedades, niveles de tueste y densidades de infusión hasta encontrar la paleta — el mismo grano que se toma, usado como pigmento. Con esa técnica pintó las aves del Quindío, y la Federación Nacional de Cafeteros le encargó ciento treinta obras de especies endémicas del Eje Cafetero.

La casa abrió después. Un solo cafetal, variedad Castillo, por encima de los 1.800 metros. Dos procesos del mismo grano: lavado y natural. Se tuesta acá, cada semana, y se envuelve a mano.

Una mano de campesino sostiene una semilla recién germinada
Lo que tarda en crecer Foto: Daniel Toro · @elartedeltoro
Interior de ladrillo con ropa colgada y luz entrando por la reja
El beneficiadero Foto: Daniel Toro · @elartedeltoro

La montaña

Antes de la taza está el camino: la niebla de la mañana, las fincas por encima de los 1.800 metros, el café servido de un termo a medio ascenso. Todo eso va en la bolsa.

Un arriero a caballo arrea dos vacas por un camino de niebla
Camino de arriería Foto: Daniel Toro · @elartedeltoro

No hay máquina de espresso. Los lattes se hacen a mano, con espumadores pequeños, sobre café filtrado. Es más lento a propósito.

Un mar de nubes cubre el cañón al amanecer

Todos los procesos del café son lentos.

Daniel Toro

Foto: Daniel Toro · @elartedeltoro

La casa es también sala: catas, talleres de tejido, yoga, arte en las paredes. Perros bienvenidos. El jardín es de todos.

Dónde

Parque Laureles, Cra. 16 #21N-10

Armenia, Quindío

lun–sáb · 7:00 a. m. – 6:30 p. m. · domingos cerrado

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